En busca del tiempo perdido

Comentarios sobre el acontecer nacional del Perú

Desmitificando el informe de la CVR

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Veo un fanatismo curioso en torno al informe de la CVR. Parece que algunos quieren convertirlo en una especie de Biblia y ya han empezado a rendirle culto como “documento fundamental”. Me pregunto si lo leyeron. Y no solo eso. Me pregunto si lo leyeron y están en condiciones de poder determinar si lo que dice es “la verdad”. Porque una cosa es el informe y otra es la verdad. No se trata solo de la narración de ciertos hechos sino de entender por qué pasó todo eso y quién carga con la responsabilidad histórica. Evidentemente hay ciertos sectores muy interesados en que el informe sea aceptado como una verdad incuestionable, y ahora están tratando de mostrarlo a la sociedad como si fueran las sagradas escrituras.

Son los mismos sectores que tienden a convertir todo en una religión estúpida, a asumir sus causas con la fe ciega del militante suicida, a sobrevalorar determinados textos y a endiosar a ciertos personajes para edificar su religión laica. Así fue como se formó Sendero Luminoso. Se respira el mismo hedor de fanatismo en estos sectores que hoy levantan el informe de la CVR y exigen que inclinemos la cabeza, que recitemos sus versículos y lo enseñemos en las aulas. ¿Qué hay detrás de ese informe?

A los legos en materia de lectura y a los iletrados funcionales que hoy abundan, hay que explicarles que el informe de la CVR no fue escrito por periodistas, o sea no es la simple crónica de unos hechos. En gran parte quizá lo sea, pero no en las partes fundamentales donde se “explican” las causas.  Allí es donde un lector avisado se da cuenta de que se despliegan una artes mágicas, un trabajo de albañilería semántica, un afán por construir una verdad antes que simplemente mostrarla. Ese es un trabajo de sociólogos y antropólogos acostumbrados a fabricar realidades, tal como lo hacen frente a unas ruinas, unos cerámicos y unas osamentas. No es pues un trabajo inocente, como muchos creen. Se necesita cierta base intelectual para leer ese informe como corresponde. No es un cuento de hadas pero podría funcionar así.

Para ser franco no he leído todo el informe de la CVR en su extensa totalidad. Se trata de un mamotreto de varios tomos, creo que diez, pero pude concentrarme en los capítulos de mi interés, pues soy un amante ardiente de la historia. Tal vez algún día acabe leyéndolo todo. No lo sé. Aunque no me interesan los detalles de las masacres que conforman gran parte del informe. He tenido particular interés en los capítulos que abordan aspectos que me conciernen como testigo y partícipe de esa época. Tengo la gran ventaja de haber vivido el fenómeno desde adentro, desde el principio hasta el final, y a mí no me la pueden contar.

En un examen de forma, debo decir que el informe de la CVR deja mucho que desear. Seguramente ha tenido varios redactores y eso ha ocasionado que muchas cosas se repitan en varios capítulos y, lo peor de todo, que se contradigan. Alguien tendría que haber leído todo el informe y darse el trabajo de homogeneizar los criterios y recortar las redundancias. Pero no lo hicieron. El informe es excesivamente extenso, tiene una inútil amplitud de escenarios que en nada contribuyen a la cuestión central. En varias páginas simplemente divagan. Tiene vicios de redacción. Recuerdo haberme reído con una nota al pie que decía “Véase las reflexiones de Plejanov”. Me recordó los panfletos de San Marcos en los 70. Eso ya nos da una idea del sesgo que tienen los redactores.

En realidad grandes partes del informe -si no todo- tienen el típico sesgo de la redacción sociológica, pero de las malas. No es pues una obra literaria. Concedo que resulta valioso en su balance final si se le valora como fuente de información reunida de primera mano, es decir, de testimonios de participantes directos y documentos originales. En ese sentido, y solo en ese sentido, es muy valioso. Aunque también es cierto que existen otras fuentes igual de buenas como reportajes periodísticos, investigaciones fiscales y policiales, debates del Congreso, panfletos, atestados judiciales, libros, etc. O sea, como he dicho siempre, la CVR nunca fue indispensable en el Perú porque la agresión terrorista sucedió en democracia y en vigencia plena de la libertad de prensa. Nunca hubo pues ninguna “verdad” que descubrir en el Perú. Todo estuvo siempre a la luz. Incluso la CVR lo reconoce así, se nutre también de los diarios y les rinde homenaje a los periodistas.

Por otro lado, creo que hay un amplio consenso en señalar que fue un error designar como presidente de la CVR al rector de la PUCP, además de incluir como miembro a un ex rector de la UNSCH. Las universidades fueron los escenarios del adoctrinamiento de la izquierda y desde donde salió luego el apoyo “moral” del terrorismo. ¿Cómo podían pues estar en esa comisión? Además habían representantes de la izquierda tradicional como Enrique Bernales y Carlos Tapia, cuando sabemos que el problema terrorista provino de la izquierda. Una CVR tendría que haber sido estéril y libre de sospechas. Ya desde allí la CVR estuvo viciada desde su origen, y generó críticas y resistencias desde el primer día. Un gobierno sensato tendría que haber paralizado ese proyecto. Pero Toledo es todo menos sensato. Hoy tenemos un informe que genera discordia y es repudiado por gran parte de nuestra sociedad. ¿Valió la pena esa CVR? Por supuesto que no.

A diferencia de lo ocurrido en otros países como Argentina, Chile o El Salvador, donde los conflictos sucedieron durante y por causas de una dictadura, este no fue el caso del Perú y una Comisión de la Verdad estaba demás acá. No tenía ningún sentido. Pero lamentablemente somos copiones de todo y no pudios evitarlo. Tenemos una casta de intelectuales snobs a quienes les fascina seguir modas internacionales. Así crearon la CVR con la finalidad de darnos supuestamente “la verdad” acerca de lo ocurrido. La tenía fácil porque la verdad la conocíamos todos y hasta había sido publicada en todos los medios. Sin embargo la CVR no cumplió cabalmente su misión. Fue incapaz de darnos una explicación clara, simple y concreta. Se perdió en generalidades tratando de abarcarlo todo y acabó en el limbo. Solo le faltó culpar al clima.

Vamos a centrarnos en un solo capítulo crucial. El capítulo 1 de la segunda parte (Tomo VIII) titulado “Explicando el conflicto armado interno“. En principio debería usarse la expresión “agresión terrorista” y no “conflicto armado interno” ya que acá no hubo un conflicto armado, en el sentido en que se entiende esto normalmente, es decir, el enfrentamiento de dos sectores sociales beligerantes que toman las armas y se enfrentan, o sea, una guerra civil. Lo que hubo en el Perú fue una agresión terrorista de parte de dos grupos políticos de izquierda, que atacaron a una sociedad indefensa. Era obvio pues que tales grupos tuvieran que ser repelidos con la fuerza pública de un Estado democrático. Eso no corresponde al concepto de “conflicto armado interno”. Sin embargo ese es el término de uso general en todo el informe, y es una muestra de cómo se juega con el idioma para ir construyendo una realidad y una “verdad”.

El uso de los términos es importante porque tratándose de una comsión nombrada por el Estado peruano, su documento adquiere el carácter de documento oficial y sus implicancias jurídicas son gravitantes. Bajo la denominación de “conflicto armado interno”  los terroristas pueden alcanzar el estatus de presos políticos. Así que la CVR comete allí su primer gran error, y no lo hace inadvertidamente porque sus integrantes no son tontos sino zurdos. Así como uno examina la calidad de los ladrillos cuando construye una casa, debemos vigilar el lenguaje y las palabras porque acá se está construyendo una realidad hecha con palabras.

Más allá del título este capítulo empieza bien, va directo al grano identificando a los delirantes integrantes de Sendero Luminoso como los causantes de la masacre. Pero acto seguido viene el truco de magia en que la responsabilidad y la culpa de SL desaparecen bajo la manga.

Después de describir las características mesiánicas y caudillistas de Sendero Luminoso, dejando claro que se trató de una secta de fanáticos idiotizados por una absurda ideología que pretendía una sociedad perfecta a costa de un baño de sangre, el informe se pierde inmediatamente en la vaguedad para empezar a enumerar las condiciones históricas del Perú a principios de los 80. Y es en ese momento cuando se empieza a deslizar la idea de que hay “otros factores” que explican la violencia tales como la pobreza, la desigualdad, el centralismo, la brecha de género, la crisis del Estado, etc., etc., etc. Allí comienza una enumeración cansada de las características del Perú como si todo ese escenario fuera el responsable de la violencia. Eso es lo estúpido de este informe. El verdadero responsable ¡¡¡acababa de ser señalado directamente al principio del capítulo!!! ¿Para qué le dan más vueltas?

Este informe da mil vueltas con un solo propósito: tratar de eludir la responsabilidad directa de Sendero Luminoso. En una parte lo dice, pero luego le echa paja para que ese señalamiento quede oculto tras un cúmulo de condiciones precarias que, en efecto, tiene nuestro país desde que fue fundado, y aun conserva. En general este informe da muchas patinadas alrededor de los mismos tópicos pero descuida cuestiones gravitantes en su análisis. Por ejemplo, no aborda las condiciones históricas mundiales durante la Guerra Fría, las cuales incidían en la existencia de partidos políticos de izquierda en nuestro país, y que fomentaban las divisiones en torno a Moscú y Pekín. Más aún, algunas eran financiadas desde el extranjero.

No hace mención de la situación de precariedad institucional en que nos dejó la dictadura militar. El velasquismo generó una época de cuestionamiento de los valores tradicionales, estableciendo el enfrentamiento al sistema, al orden y a la autoridad como los nuevos valores de la sociedad. Tampoco dice nada de la absurda actitud del Estado para considerar la “autonomía universitaria” como una especie de zona liberada, donde se instaló una especie de Vaticano comunista en el que se formaban los terroristas, cancelando la educación superior sin que el Estado hiciera absolutamente nada. Se mencionan ciertos hechos pero no se consideran como elementos en la formación de esa “explicación”. Tampoco se aborda para nada el papel de la izquierda parlamentaria en esos años, que impedía un accionar contundente y se mostraba sensible a toda alusión a la izquierda porque inmediatamente se victimizaban. No hay un capítulo dedicado a ellos, cuando merecen tenerlo.

El capítulo dedicado a San Marcos es decepcionante porque empieza en los 80 y llega hasta el 92. ¿Qué pasó con los años 70? Fue en los 70s cuando se gestan los partidos fundamentalistas de izquierda. Nada de eso se describe. Tampoco se toma en cuenta la situación de precariedad en que quedó la Guardia Civil al final del gobierno militar, hecho que le dio enormes ventajas iniciales a Sendero. Tampoco se considera la situación psicológica y cultural del policía y del militar que después de doce años de dictadura militar quedaron con la actitud de ser los dueños del país. Los policías y militares en general, al principio de los 80, eran todos creidos, abusivos, prepotentes, carecían de cultura cívica. No fue nada raro pues que se dedicaran al abuso de civiles cuando les dieron todo el poder en una amplia Zona de Emergencia por tanto tiempo, sin ningún tipo de normatividad ni estrategia a seguir. ¿Qué esperaban que ocurriera?

Así pues, mientras que la CVR despliega todo su esfuerzo en hallar “factores concurrentes” que justifiquen el accionar senderista, no hace lo mismo para explicar las formas de respuesta que tuvo la acción policial y militar. Hay allí un grave sesgo y una diferencia grosera en el abordaje de ambas formas de violencia.

En fin, el informe es francamente malo, deficiente. Le faltan muchas cosas y se explaya inútilmente en un montón de tópicos que nada tienen que ver realmente con el problema, se extravía en un examen general de tipo sociológico sobre diversos aspectos de nuestra realidad que no vienen al caso. Es reiterativo en exceso y no es claro en señalar las responsabilidades de Sendero Luminoso. En este punto es necesario señalar el truco. Es cierto que señalan a Sendero Luminoso como el principal responsable. El problema es que a continuación dedican varias páginas a lavarle la cara a SL apelando a las condiciones históricas del Perú. Dice por ejemplo que SL se nutre de una tradición peruana en el radicalismo, que “resulta muy comprensible en el contexto histórico de discriminación y exclusión social”. ¿No es una manera de lavarles la cara?

En realidad el informe hace una inútil arqueología histórica en busca de causas en las condiciones históricas del Perú, cuando no hace ninguna falta porque SL no se basó en las condiciones históricas del Perú sino en un programa político que copió de la Revolución Cultural de Mao. El informe también reconoce esto, incluso reconoce que se trataba de fanáticos delirantes, prácticamente dementes. Pero a pesar de ello se insiste en recorrer la historia del Perú en busca de justificaciones al accionar terrorista. Apela a cuestiones completamente accesorias para levantarlas como “factores concurrentes”. Por ejemplo, la pobreza de Ayacucho. Es decir, estos creen que todos somos tontos. Y encima está mal redactado. Hay partes que tienen un lenguaje verdaderamente informal y poco elegante, por decir lo menos.

Hay varios capítulos en los que se pueden discutir sus apreciaciones pues no son muy objetivos. Por el contrario, hacen gala de enjuiciamientos muy subjetivos, sesgados, guiados por un afán sociológico de pintar un escenario complejo donde todas las condiciones, incluyendo el clima, son “factores concurrentes” que ayudan a explicar el fenómeno. Eso es simplemente estúpido. No tienen una ponderación equilibrada de sus criterios y eso obliga a que los temas sean tratados sin una clara prioridad y sin un sentido de coherencia.

Podemos olvidarnos del informe final en su conjunto y dedicarnos tan solo a las “Conclusiones Generales Finales“. Hay 171 conclusiones. En casi todas ellas la CVR se dedica a constatar hechos que ya todo el mundo sabía. Toda su enumeración es una lista de verdades vox populi. ¿O no? Incluyendo la vergonzosa actitud de ocultamiento político de los apristas respecto de los excesos que cometían las FFAA, y que fue parte del desgobierno total que vivió el país durante la primera gestión de Alan García, cuando el país estaba librado al caos en todo sentido. La única aportación de la CVR es la cifra espeluznante de muertos, una cifra que nadie le cree, pese a su exactitud matemática: 69,280. Una simple operación nos arrojan 16 muertos diarios entre el 80 y el 92. ¿Están locos? Fuera de eso, en todas sus 171 conclusiones no hay una sola “verdad” que haya salido de esa comisión. Por favor, que alguien lo señale.

No digamos más. El informe es malo. La CVR fue un circo inútil y la conformación de sus miembros fue desacertada. Lamento que hayan aparecido los fanáticos de siempre edificando un altar para el informe de la CVR. Pero realmente no vale la pena. Hay mejores causas. Deberían leerlo. Lo malo es que para evaluarlo correctamente habría que tener dos condiciones básicas: hay que ser un lector consumado y hay que tener información abundante y relevante del fenómeno para que no nos cuenten cuentos.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 25th, 2012 at 9:51 am

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¿Y por qué no inscribir al MOVADEF?

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No es raro que acabe del lado opuesto a la opinión pública general. Por ejemplo ahora, yo sí estoy a favor de la inscripción del MOVADEF como partido político. Hay muchas razones para ello. En cambio solo hay una para impedir su inscripción: indignación. Toda la histeria desatada contra el MOVADEF no es más que una muestra renovada de la tradicional estupidez general que suele apoderarse de nuestra sociedad bajo ciertas circunstancias, alimentada siempre por la prensa sensacionalista, escandalosa y poco racional que hoy tenemos. Algo parecido a la campaña “No a Keiko”. Hoy todos apelan a la indignación que causan los terroristas para rechazar al MOVADEF. Pero las emociones nunca dan buenas razones. Más allá de esa indignación hay cosas que debemos entender.

En primer lugar la famosa inscripción de partidos políticos es una farsa total en nuestro país, una tontería burocrática generada mediante una absurda “ley de partidos políticos” que nunca debió existir, pues estamos en un país que no tiene partidos políticos. En el mundo real los partidos políticos no existen porque un grupo de compadres reúna firmas de cualquier forma y se inscriba en el padrón de un ente burocrático. Eso no es más que tontería, es la fantasía de un mundo burocrático que cada día se hace más abstruso. De hecho acá no existen los veintitantos partidos políticos que el JNE dice que existen según su padrón. Lo sabemos bien. Así que la famosa inscripción de partidos no pasa de ser una leguleyada burocrática inútil y tonta. ¿Qué importa si inscriben a un partido más? ¿Va a cambiar el mundo?

Por su parte, los argumentos legales que plantean los del MOVADEF son válidos. La Constitución garantiza que no hay persecución por razón de ideas. No dice “excepto el Pensamiento Gonzalo”. Además eso de proclamar el “Pensamiento Gonzalo” no es más que retórica, exactamente la misma retórica de que está hecha la absurda ley de partidos políticos. Desarrollar la “guerra popular” no es una exclusividad del “Pensamiento Gonzalo” sino de casi toda la izquierda. Es parte del marxismo y, en añadidura, casi todos deifican a José Carlos Mariátegui. Por ejemplo el PUM de Javier Diez Canseco. En lo sustancial, el MOVADEF no tiene grandes diferencias ideológicas con los partidos de izquierda tradicionales. Todos buscan agudizar las contradicciones del capitalismo y traerse abajo el sistema por las buenas o las malas.

Todos sabemos que las agrupaciones de izquierda tienen la violencia como ideología, en mayor o menor grado. Sus diferencias son apenas programáticas. Todos defienden la acción política popular directa, ya sea como guerrilla, activismo político callejero, huelgas, movilizaciones, etc. Y llaman a eso cínicamente “democracia participativa”. El MOVADEF afirma haber dejado atrás la lucha armada. ¿Por qué no creerles? ¿Acaso no lo han hecho también los ex guerrilleros de los 60 que hoy son conspicuos políticos y periodistas? ¿Acaso ya no pidió perdón el emerretista Yehude Simons y llegó a Premier, Presidente Regional y hoy es congresista? ¿Cuál es la diferencia?

De otro lado deberíamos darnos cuenta de que todos los argumentos y términos empleados por MOVADEF para justificar la “guerra interna”, son exactamente los mismos que repiten caviares como Diego García Sayán o Rocío Silva Santisteban. Por ejemplo justifican la “guerra interna” como consecuencia de la pobreza y de tantos años de marginación. Me parece que hasta Ollanta Humala dijo algo similar alguna vez. Y hasta usan los mismos términos “guerra interna”, “conflicto armado”, etc., con un lenguaje mañosamente articulado con el fin de poder declararlos presos políticos. Lo que me sorprende es que cuando Diego García Sayán o Rocío Silva Santisteban escriben esas cosas no pasa nada pero a los jóvenes del MOVADEF los tratan como imbéciles. ¿Cuál es la diferencia?

Obviamente tampoco me extraña el cinismo, la hipocresía y el oportunismo de algunos sectores de izquierda que se han sumado a la histeria para manifestar su “indignación” y rechazo ante la inscripción del MOVADEF. ¿Qué de malo le ven al MOVADEF si ya han soslayado las culpas de Sendero Luminoso? ¿Acaso la culpable no es la pobreza? Los del MOVADEF dicen que las condiciones que generaron la “insurgencia” siguen subsistiendo, pero que es tiempo de otras formas de lucha. Francamente yo no veo ninguna diferencia entre este MOVADEF y los demás grupos de izquierda. Tienen el mismo discurso y la misma matriz ideológica.

Como yo lo veo, no entiendo qué más da que MOVADEF se inscriba en un padrón que no sirve absolutamente para nada. ¿A qué viene tanto lio? ¿Acaso hace falta que alguien se inscriba en ese ridículo padrón para hacer política en el Perú? ¿Acaso Ollanta Humala no fue candidato a la presidencia en el 2006 sin tener un partido inscrito? ¿Acaso no utilizó uno de esos falsos partiduchos registrados por el JNE? ¿Acaso no tenemos hoy a varios terroristas de Sendero y el MRTA actuando ya en la política nacional? ¿Acaso no hay incluso militantes senderistas elegidos en cargos públicos desde Tumbes hasta Puno? Ya pues… no nos hagamos los tontos. Yo prefiero que los terruquitos del MOVADEF estén inscritos legalmente y que el JNE los vigile, a ver si por lo menos eso pueden hacer. Una vez inscritos, estos ñaños tendrán que acatar la ley.

Por último, lo que debemos preguntarnos es ¿qué va a pasar si les niegan la inscripción? ¿Va a desaparecer el MOVADEF? ¿Se van a disolver para irse a sus casas tranquilamente y dedicarse a otras cosas, como la gastronomía o la Biblia? No. Obviamente que no. Seguirán en su lucha. Peor aun: les van a dar la escusa perfecta para volver a la violencia clandestina. ¿Queremos eso? Sabemos la fácil penetración que tienen los rojos entre los jóvenes, vemos la libertad con que actúan en las universidades. Siempre lo han hecho y nadie los ha parado. Exactamente igual que en los 70 y 80. Siempre buscan a los jóvenes porque son presas fáciles, sus cerebros parecen esponjas para asimilar las prédicas a favor de la paz, la justicia, la igualdad, el ambiente, la revolución y cuanta estupidez bien maquillada se les ofrece como causa.

Así pues, el reclutamiento de jóvenes seguirá. No porque nos hayamos empeñado en el “olvido” como dice RMP, y que por eso los jóvenes hoy no saben quién fue Abimael Guzmán. No. Eso se llama simplemente ignorancia. Los jóvenes en general desconocen toda la historia y están predispuestos a abrazar cualquier causa si les hablan con las palabras correctas. Finalmente la historia podría repetirse. ¿Qué lo puede impedir? Quizá una simple y tonta inscripción.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 23rd, 2012 at 10:27 am

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Marco Zunino y la ideología del típico idiota latinoamericano

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Marco Zunino planea realizar una obra musical en español en Broadway

Ignoraba su existencia hasta esta mañana en el noticiero. Una entrevista en la cadena CNN mostró a Marco Zunino, actor peruano que triunfa nada menos que en el exigente ambiente de Broadway. Mucho gusto. Me alegra que otro peruano triunfe en el extranjero. Por desgracia la alegría de pronto pasó a vergüenza cuando este peruano que ha triunfado solo, por sus propios méritos (me imagino), se puso a gritar a los cuatro vientos que “el gobierno peruano no apoya al arte”, exhibiendo así la típica mentalidad tercermundista de indigente en espera de la ayuda del Estado.

Supongo que la gran mayoría de norteamericanos que lo escucharon lo habrán visto como a un idiota, pues en los EEUU nada hay más vergonzoso que pedir la ayuda del gobierno. Esta es una mentalidad que prevalece aún entre los hispanos afincados en Norteamérica. El común de la gente por allá cree que el Estado no debería meterse en la vida privada de las personas y menos en los negocios privados. Y el arte, junto con el sexo, está entre las actividades más privadas que hay en la vida.

De hecho, el Estado norteamericano ha sido ajeno completamente al éxito del cine de Hollywood, el teatro de Broadway, el basket de la NBA y a los cientos de deportistas que consiguen medallas olímpicas en cada Olimpiada, para no hablar del éxito del arte musical en todos los géneros, debida básicamente a la creatividad de los negros del sur. El Perú tampoco es otro planeta. Acá sucede exactamente igual cuando las personas son creativas, emprendedoras y empeñosas. Allí tenemos a Gianmarco, Juan Diego Flores, Cristian Meier, etc.

Acá el Estado tampoco tuvo que intervenir para que ocurra el gran éxito internacional de la cumbia peruana. El teatro no ha sido una excepción. Todo se debe al empeño individual de las personas. El hombre más exitoso del teatro peruano quizá sea Oswaldo Catone, un argentino que llegó al Perú, como muchos, con una mano adelante y la otra atrás. Se puso a trabajar y convirtió el teatro en una afición cotidiana de muchos limeños. No se fue a pedir ayuda del gobierno. Le pidió ayuda a sus amigos y sacó adelante su proyecto dando empleo a muchos peruanos. Así es como se hacen las cosas.

Por desgracia tenemos acá un segmento político de izquierda dedicado a fabricar en la gente una mentalidad tercermundista de indigente que exige todo al gobierno, un pensamiento burocrático según el cual todo debe llegar desde el Estado. Es la mentalidad estatista que busca convertir al Estado en una especie de gran Beneficencia Pública encargada de absolutamente todo, incluyendo el arte, la ciencia y la cultura. Es la ideología del comunismo donde las personas son solo piezas de la maquinaria estatal. Es el Estado el que debe invertir, financiar, subvencionar, planificar, etc. Por desgracia ese sistema no ha funcionado en ninguna parte del mundo.

Así pues Marco Zunino debutó internacionalmente con una entrevista que, inesperadamente, cayó en el lado político equivocado. Ojalá aprenda pronto. Y que los jóvenes que lo han escuchado no presten oídos a semejante mentalidad del fracaso. Lo que ha debido decir Marco Zunino colocándose como ejemplo es: trabajen con esfuerzo, empeño, dedicación, y saldrán adelante sin tener ningún impedimento ni limitación burocrática y sin tener que agradecer a nadie más que a sus padres.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 20th, 2012 at 10:23 am

Vaya a bordo ¡Carajo!

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Francesco Schettino pasará a la historia como un nombre ligado a la estupidez y la cobardía. Comandaba el crucero Costa Concordia y es el responsable directo de su naufragio por realizar una simple payasada como pasar cerca de la costa para tocar la sirena. Schettino, una especie de chofer de combi al mando de un crucero de 30 mts. de alto por 300 de largo, cargado con 4,800 personas, ocasionó el naufragio de su nave y acto seguido saltó a un bote y se dio a la fuga. ¿Les suena conocido?

Por supuesto que tal conducta le da una triste imagen a toda Italia frente al mundo entero. Luego de la Segunda Guerra Mundial, la imagen de los italianos quedó muy mellada, pues no solo quedaron como estúpidos al atacar un país pobre como Etiopía y festejar el triunfo, sino que su actuación en la guerra mundial junto a los alemanes no fue precisamente un acto de valentía. Puede ser que al lado de los nazis cualquiera parezca un cobarde, pero los italianos se quedaron con esa imagen por mucho tiempo. Incluso las películas de Hollywood retrataron a los soldados italianos como estúpidos y cobardes.

El caso del crucero Cista Concordia y la triste actuación de su comandante Francesco Schettino parecen ratificar esta historia. Por fortuna, apareció en escena otro comandante, el jefe de la Guardia Costera, Gregorio De Falco. En una áspera conversación este comandante increpa a Shettino su conducta y le conmina a acudir a su barco. La conversación es un ejemplo de los extremos a los que puede llegar un ser humano: desde el heroísmo a la cobardía.

Incapaz de hacerle entrar en razón, De Falco pierde la paciencia y le grita: ¡Vaya a bordo! ¡Carajo!

El Corriere della Sera, el mayor diario del país, apareció el miércoles con un gran titular que decía “Gracias capitán”, reflejando la gratitud de los italianos a De Falco, pues todos han sentido el comportamiento de Schettino como una vergüenza nacional. Una humillación que parecía refrescar la antigua imagen de los italianos.

La frase acaba de pasar a la historia como una expresión de impaciencia ante la estupidez y la cobardía, y los italianos han empezado a estampar polos con dicha expresión: Vada a bordo ¡Cazzo!

Tal vez deberían incluirlo en su bandera.

Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 19th, 2012 at 12:12 pm

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Los grandes moralizadores reculan

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Como anunciaba su propaganda electoral, Javier Diez Canseco ofreció defender al pueblo del abuso y la CORRUPCIÓN. Al parecer se olvidó aclarar que se enfrentaría a los corruptos siempre y cuando estos no sean sus amigos o amigos de sus amigos, como es el caso de Omar Chehade. Como buen político de izquierda, JDC padece de una verborragia que le permite articular cualquier palabrería y ponerlo como explicación, ya no solo de su ausencia en un acto tan importante como la sanción a un congresista y vice presidente aun, sino de su inusitada defensa de Omar Chehade, un rufián que ha sido pillado en contubernios oscuros.

No me extraña escuchar a JDC siguiendo sus clásicas estratagemas argumentativas. Primero trata de confundir al oponente sacando varios temas sobre la mesa: el grupo Wong, el estudio Muñiz, Cecilia Chacón, etc. ¿Qué tiene todo eso que ver con el caso concreto de Omar Chehade? Nada. Pero ya logró confundir al pobre periodista. Luego prosigue con su tesis: todos son corruptos, por tanto no tiene sentido la sanción. Y luego: el acusador es un corrupto, por tanto no vale esa acusación. En conclusión, Omar Chehade se salva. Esa es la dialéctica revolucionaria de Javier Diez Canseco. El sospechoso Omar Chehade que empezó a jugar con el cargo de vice presidente para armar sus redes de influencia política, vinculando a su hermano y quién sabe a quiénes más, resulta inocente y ya no será investigado por el Poder Judicial. Excelente.

Por menos de lo que se sabe claramente de Omar Chehade, JDC ha sabido armar protestas callejeras para exigir el despido de ciertas autoridades y organizar comisiones investigadoras preparando el ajusticiamiento de alguien. Todo eso llenándose la boca con clichés como “lucha contra la corrupción” y “moralización”. Lo que ha quedado en evidencia es que una cosa es mandar hacerse un cartel y otra ser consecuente con una posición ética. Me complace ver que la derecha ha sabido tener consecuencia ética pese a sus consecuencias políticas, pues una vez desaforado Chehade su reemplazante sería Manuel Dammert, un indeseable de la extrema izquierda, peor aun que JDC, si se puede. Políticamente convendría mantener a Chehade antes que tener que lidiar con Dammert. Pero nadie ha apostado por eso sino por la cuestión ética.

Parece cierto que este Congreso viene a ser el peor de toda la historia. Lo cual no es decir poco. Además de la lista de delincuentes que ingresaron en las filas del partido del gobierno, están los que no tienen ninguna catadura moral y los que padecen de limitaciones mentales. Ya no hablemos de cultura que eso es demasiado pedir en estos tiempos. Queda claro que muchos de estos congresistas ni siquiera han llegado a comprender de qué trataba la votación.

Alguien tendría que haberles explicado con dibujitos lo que significa por un lado la acusación penal y por el otro la condena política. La primera le corresponde al Poder Judicial, luego de las investigaciones que solo este Poder puede mandar realizar gracias a sus atribuciones. Lo otro es el papel que le toca al Congreso como órgano político que interpreta el sentir del pueblo. Y el pueblo está harto y asqueado de la corrupción de sus políticos. Por eso correspondía una sanción ejemplar, de tipo político. Nadie lo iba a mandar a la cárcel. Solo se le iba a inhabilitar para que este corrupto no vuelva a ejercer un cargo público en los siguientes cinco años. Es lo mínimo que se puede hacer cuando se proclama la moralización y la lucha contra la corrupción.

Pero una vez más se les ha caído la careta a los moralizadores. Una vez más nos muestran su rostro de farsantes. Todos los congresistas que se han expresado ayer en los medios tratando de explicar su voto a favor de Chehade han dejado en claro que les importa un bledo la moralización y que su pose de luchadores contra la corrupción fue tan solo una farsa electoral. Otros solo han demostrado que tienen el cerebro del tamaño de una ciruela y que ni siquiera han entendido lo que estaban haciendo ni lo que tenían que hacer ni de qué se trataba todo el asunto. Es obvio que la fundamentación jurídica de Marisol Pérez Tello ha sido demasiado para la capacidad lectora y comprensiva de la mayoría de estos congresistas.

Otros como Javier Diez Canseco siguen demostrando que son los capos de la mafia política. Están donde conviene a sus intereses y se venden ya no por un plato de lentejas sino por una embajada o un puesto público muy bien remunerado. Provecho.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 19th, 2012 at 10:32 am

La histeria antidiscriminación hace el ridículo una vez más

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No estoy a favor de la discriminación sino en contra de la histeria y la estupidez que algunas causas suelen provocar en la gente. Cuando uno se convierte en militante de una causa, por más noble que esta sea, y quiere ser fiel a sus principios y valores, tiene el riesgo de caer en el fanatismo más idiota e irracional. Pruebas de esto tenemos a montones. Recientemente hemos pasado por varias histerias antidiscriminatorias como la que suscitó el “baño para amas” en un club limeño así como la supuesta discriminación contra un chico cusqueño en un cine de Miraflores, del que había salido en medio de la película sin tener contraseña alguna. O sea, ya había estado adentro.

Pero como nosotros no somos los dueños de la estupidez, ahora nos viene otro ejemplo desde Chile, donde una televisora, Chilevisión, editó de manera torpe y maliciosa la entrevista hecha a una residente de un condominio, para dejarla prácticamente como una Hitler que no tolera que las nanas caminen por las calles. Por supuesto, todos los fanáticos de la causa contra la discriminación hicieron su fogata con la foto de Inés Pérez Concha, la mamacita del lío, convirtiéndola en símbolo de la discriminación, editaron videos donde la condenan y ridiculizan, crearon las infaltables redes sociales de idiotas y vagos de la web haciendo campañas de satanización y convocando marchas de protesta.

Todo ese lío se armó porque Chilevisión editó la entrevista y solo difundió unos segundos en los que se escucha la frase “¿Te imaginas aquí en un condominio a todas las nanas caminando, todos los obreros caminando por la calle, y tus hijos ahí en bicicleta?”. A partir de allí, tal como sucedió en el Perú con un simple cartel que decía “Baño para amas” o un escueto titular que decía “Impidieron el ingreso de un joven andino a cine de Larcomar”, se armó el escándalo mayor por parte de los infaltables histéricos de causas nobles. Basta la imagen, el gesto, la frase, para que la cuestión se convierta en una “causa” que da inicio a las expresiones más amplias de irracionalidad y estupidez maquilladas de justicia.

Hoy sabemos toda la verdad. Se ha difundido la entrevista completa y lo cierto es que Inés Pérez Concha, la preciosura que motivó todo este lío, debería ser la imagen no solo de la mujer perfecta sino de la víctima clásica de estos talibanes de las causas nobles. El video nos revela que Inés (para los amigos) estaba preocupada porque las nanas y los obreros tenían que caminar enormes distancias dentro del condominio. Lo que ella defendía era la medida de la asociación de propietarios de proveerlos de un furgón que los moviliza gratuitamente dentro del enorme condominio.  Incluso se oye una frase donde ella dice textualmente: “¿Te imagina en el invierno que ellas estén caminando bajo la lluvia y los truenos?”.

Como corolario final de esta patética historia está el despido del periodista de Chilevisión que difundió la entrevista completa, dejando en evidencia la maliciosa edición de la que fue víctima esta mujer. Este buen periodista acaba de ser despedido por la cadena televisiva y se llama nada menos que Fernando Leal. Otra paradoja de la vida. Su lealtad a la verdad le costó el empleo. sus palabras son más que elocuentes:

Vivimos un mundo individualista extremo, en el cual los sujetos solo se preocupan de lo suyo. Hoy es preferible culpar al justiciero que condenar al canalla. Fuimos testigos de una masacre cibernética en contra de una mujer inocente de lo que se le acusaba. Fuimos cómplices de su tortura. Pero nadie es capaz de decir basta. Nadie es capaz de pedir disculpas. Hoy me han desvinculado de mi trabajo por mostrar algo que me pareció justo. Justicia señores, de la antigua. Sólo espero que esto sirva para que meditemos sobre nuestra humanidad, o lo que va quedando de ella”

Ahora lo que falta es que salten al escenario los defensores de la libertad de prensa. ¿Dónde están?

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 18th, 2012 at 11:45 am

La anticorrupción ja ja

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Me río porque la realidad me da una vez más la razón. Nunca creas en los farsantes que se disfrazan de luchadores contra la corrupción o contra la discriminación. Sospecha siempre de los defensores de la democracia o de los derechos humanos. Desconfía incluso de los predicadores de Dios y de la fe. Esas poses de puritano solo sirven para engañar a los bobos en las campañas electorales, para generar histéricas campañas mediáticas en busca de figuración, y para armar psicosociales que solo sirven para manipular voluntades, etc. Los principios no se predican. Las virtudes no se proclaman. Solo cuentan los hechos.

Y los hechos nos dicen hoy que los campeones de la lucha contra la corrupción, aquellos que se llenaron la boca durante la campaña con promesas de lucha frontal contra la corrupción, solo son más de lo mismo. Han ratificado la tristemente célebre expresión peruana de los últimos tiempos: “otorongo no come otorongo”. Pocas veces se ha estado frente a un caso tan claro y evidente de corrupción como el protagonizado por el Sr. Omar Chehade, congresista y a la sazón vice presidente de esta republiqueta. Un caso además rochoso y estúpido, que implica también a su hermano y varios generales de la policía, incluyendo a uno que vino desde Tumbes expresamente para dicha reunión.  ¿Qué más se puede pedir?

Claro. Algunos dirán que con los 120 días de suspensión y la renuncia a última hora de su condición de vice presidente es ya suficiente. No lo es. Primero porque una sanción de 120 días se le da a cualquiera, por ejemplo, a un congresista que comete una malcriadez, una falta de respeto, como a Martha Chávez que se pasó de majadera en una ceremonia en la que debería mostrarse la mayor de las composturas. Pero esto es corrupción, señores, ¡corrupción! O sea, estamos hablando del flagelo de este país, la tara que nos impide progresar como nación.

Si alguien quería dar señales claras de no tolerar la corrupción, anoche tuvo una brillante oportunidad de demostrarlo. Lástima que muchos la desperdiciaron. Y en especial esos fanfarrones nacionalistas que se llenaron la boca durante toda la campaña hablando de lucha contra la corrupción. Al final se ocultaron detrás de una maleza de tecnicismos jurídicos. Todo el mundo sabe que son leguleyadas. Acá solo tenían que poner a ese señor en manos del Poder Judicial y así limpiar la imagen de la política peruana y del Congreso. Así habrían estado a tono con su oferta de Gran Transformación, pero no lo han hecho. Solo han probado ser otorongos, más de lo mismo.

Lo que me encanta de la vida es que nos enseña sus lecciones con ironía y hasta con cachita, porque los payasos de la lucha contra la corrupción armaron su terna de candidatos con un abogadillo que había sido Fiscal Anticorrupción, para darle a su imagen un color claro de honestidad. Los carteles de Ollanta lucían la frase “Ollanta honestidad” al lado de la foto de los tres candidatos, donde la sonrisa idiota de Chehade se destacaba en el empedrado de su rostro. Ahora resulta que esa ficha es la que les ha dado la estocada para dejarlos en evidencia como unos farsantes y miserables politiqueros. ¿Y dónde estaban esos otros campeones de la pulcritud política como Javier Diez Canseco y Rosa Mavila? ¿Dónde?

Y todo esto es apenas una raya más en medio de la tira de delincuentes que conforman la lista de congresistas de Gana Perú. Me da pena por los tontos que creyeron en Gana Perú, en el nacionalismo y en la payasada de la Gran Transformación. Será para otra vez.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 18th, 2012 at 10:11 am

Mayoría desconfía de ONGs de DDHH

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Según la encuesta de Ipsos Apoyo publicada este domingo, el 51% de la población desconfía en la gestión de las ONGs de DDHH y solo un 37% manifiesta confiar en ellas. Otro dato interesante es que el 54% cree que tales organizaciones exageran en la defensa de las víctimas del Estado. Estos resultados demuestran, una vez más, el alto grado de desprestigio y de sospecha en que han caído estas organizaciones.

No es ninguna novedad que la gran mayoría de la sociedad sospeche de estas organizaciones defensoras de los derechos humanos y las tenga mal vistas. Su accionar deja mucho que desear y esta encuesta solo lo confirma una vez más. Cualquiera que vea el alboroto que arman estas ONGs alrededor de ciertos temas acaba haciéndose ciertas preguntas básicas: ¿A qué viene tanto alboroto? ¿Cuál es el asunto de fondo, el interés real? ¿Se trata de un verdadero interés, supremo y obsesivo, por hacer justicia sobre hechos irreparables ocurridos hace 25 años en medio del caos de un conflicto armado? ¿Es posible reconocer la justicia en tales situaciones? ¿Vale la pena mantener al país en este estado de confrontación permanente? ¿Se justifica este empeño por mantener abiertas las heridas? ¿No hay un afán protagónico de ciertos personajes? ¿No habrá otros intereses detrás de tanto afán humanitario?

Si bien en este mundo hay tontos e ingenuos, es un hecho que la mayoría de personas percibe claramente que estas organizaciones defensoras de DDHH tienen entre manos algo más que la simple y abnegada defensa de los DDHH. Tanta abnegación parece difícil de creer. Especialmente si nos dicen, por ejemplo, que la Coordinadora Nacional de DDHH en el Perú agrupa a más de 70 organizaciones de este tipo. Parece pues que la defensa de los DDHH ha provocado un interés muy similar a la fiebre del oro. Cualquiera con dos dedos de frente pensaría que, más que abnegación por los derechos humanos, lo que hay allí es un buen negocio. Pero… ¿Cuál es el negocio?

Una estrategia surgida en el mundo del espionaje durante la Guerra Fría dictaba la pista: “sigue el dinero”. Precisamente para seguir el dinero es que se constituyó la APCI, aunque su labor deja mucho que desear. Tampoco debe ser fácil evaluar a cientos de ONGs, ciertamente. Pero más que el dinero que llega como donaciones está el dinero que parecen estar buscando estas ONGs de DDHH mediante las famosas “reparaciones”. Ninguna palabra es más mágica que esta: “reparaciones”.

Un simple examen de lo ocurrido con APRODEH y los comandos Chavín de Huántar puede bastar. ¿Por qué APRODEH ha denunciado al Estado peruano? Alternativas: a) ¿Son antiperuanos? b) ¿Son proterroristas? c) ¿Son paladines de la justicia? d) ¿Andan detrás de las reparaciones que el Estado tendría que pagarles a las tres víctimas de las supuestas ejecuciones extrajudiciales y a las cuales representan? Marque la opción correcta.

El montaje teórico y argumentativo que arman estos defensores abnegados de los DDHH está especialmente diseñado para tontos. Afirman que la “reconciliación nacional” pasa necesariamente por el camino de las “reparaciones”. O sea, el pago en efectivo a las víctimas del Estado. Precisamente por eso es que a nadie le interesan las víctimas de Sendero Luminoso y del MRTA. No es pues casualidad que los militares y civiles afectados por Sendero Luminoso y el MRTA sean permanente y sistemáticamente ignorados y dejados de lado por completo por las ONGs de DDHH, salvo para eventuales apoyos retóricos.

El otro cuento que nos cuentan estos paladines de la justicia es que no debemos optar por el olvido. No, no, no. Nada de eso. Allí no hay ningún negocio. Lo que estos angelitos de los derechos humanos quieren y exigen a gritos es que se continúe -ad infinitum- con la búsqueda de más víctimas, el desentierro de más cadáveres para proceder a su identificación (obvio) y a su respectiva “reparación” (O sea, pago en efectivo). Solo así, dicen, conseguiremos la tan ansiada “reconciliación nacional”, un novedoso concepto inventado por estos capos de la retórica hueca. Yo no sé si hay suficientes idiotas en este país para creer en tales argumentaciones. Por lo pronto, y según se ve en las cifras publicadas por la última encuesta, apenas llegan a un tercio de la población.

La cuestión al final es desenmascarar la verdad detrás de todas esta comparsa de ONGs de DDHH. La gente debe sacar sus propias conclusiones: ¿son verdaderamente ángeles de justicia, abnegados defensores de los DDHH de todos los ciudadanos? ¿O son simplemente mercaderes del dolor, buitres que revolotean alrededor de los cadáveres en busca del dinero de las reparaciones? Muchos de estos abogadillos que pululan en las ONGs de DDHH andan convencidos de que la tragedia que vivió el Perú les ha dejado una veta más grande que la de Conga. Y están empeñados en que este Conga vaya de cualquier forma.

Otros, en cambio, solo buscan figuración, notoriedad, reconocimiento. Promocionan su imagen como defensores de los sagrados principios de los derechos humanos. Y lo curioso es que siempre encuentra tontos útiles dispuestos a ponerlos en vitrina, convertirlos en vacas sagradas intocables a cambio de una simple pasada de mano sobre el lomo. Todo esto a cambio de mantener al país en la confrontación y en la permanente memoria de una tragedia maldita. Cada quien carga con su conciencia en este mundo. Lo interesante es que, según se ve en la última encuesta, la gran mayoría de la sociedad no les cree.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 16th, 2012 at 11:35 am

La otra cara de la crisis universitaria

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No recuerdo una época en la que no se haya hablado de crisis universitaria. Este es uno de los temas recurrentes del Perú. Tal vez lo sea la crisis a secas. Aunque hace ya bastante tiempo que dejamos atrás las crisis económicas, todas las demás se han quedado con nosotros. No hemos sido capaces de enfrentarlos y algunas incluso han empeorado. Tal es el caso de la crisis universitaria.

Cuando se habla de crisis universitaria, a menudo se hace referencia a la calidad educativa. Ciertamente las universidades estatales han disminuido su presupuesto y la inversión per cápita es una de las bajas del sub continente. Eso es cierto. Pero ese no es el caso de las universidades privadas. Hay varias que han incrementado su presupuesto y están realizando importantes inversiones en infraestructura educativa y personal docente, logrando además acreditaciones internacionales. Me honra trabajar en una de ellas y me consta los esfuerzos genuinos que se hacen por mejorar cada año, de una manera casi obsesiva. Tenemos hoy varias opciones interesantes en el campo de la universidad privada que han ampliado las tradicionales ofertas de nuestro país.

A diferencia de lo que ocurría hace treinta años, cuando era un estudiante, hoy tenemos facultades que funcionan en edificaciones nuevas y modernas, hechas de concreto, acero y vidrio, donde los alumnos caminan entre amplios jardines con palmeras y flores, pileta de agua con iluminación nocturna, cascadas con un estanque donde se arremolinan peces de colores, aulas con equipamiento multimedia y conectadas a Internet, salones de trabajo equipados con PC e Internet, biblioteca actualizada cada año, auditorio con teleconferencia, baños amplios y limpios, y un ambiente general de tranquilidad, seguridad y confort. Nada que envidiarle a cualquier universidad extranjera de las mejores.

¿En dónde está la crisis entonces? Cada año nos reunimos a analizar esta situación. Desde luego, yo tengo mi propia opinión. Por un lado, creo que las universidades han caído en manos de una burocracia administrativa que no maneja los criterios académicos o no los coloca en la prioridad debida. La administración ha impuesto unos estándares generales que han eliminado las inevitables y fundamentales particularidades de cada curso, restándole la autoridad al jefe de curso y a los docentes, que ahora no son más que monigotes ejecutando las normas universales de la “gestión académica”. Adicionalmente nos hacen falta cuestiones fundamentales como publicaciones de toda clase, una comunidad académica real y activa, actuando con autonomía y libertad; docentes con respaldo institucional y una carrera que les permita ir más allá de la docencia, a la investigación y la creación académica, etc. Pero no todo esto depende enteramente de la voluntad de los promotores. Hay que reconocerlo.

Sin embargo, de lo que quiero hablar realmente en este momento es del otro componente de la universidad y de la crisis: los alumnos. Tal vez la encarnizada competencia que hoy existe en la educación superior y la necesidad de cubrir los presupuestos de inversión haya obligado a relajar los exámenes de admisión. Eso puede ser una parte de la explicación. Pero además existen otras razones como las normas de inclusión social, la no discriminación, el volumen de los postulantes, el nivel académico escolar, etc. El caso es que los alumnos que llegan hoy a las universidades tienen unos niveles muy bajos. Y no me estoy refiriendo tan solo al nivel académico.

Algo pasa con los jóvenes de hoy que son incapaces de tareas cognitivas básicas como la atención y la concentración. Tanto la retención como la memoria son recursos que parecen haberse deteriorado de manera general entre los jóvenes. Los alumnos son usualmente incapaces de seguir instrucciones precisas, a pesar de que se les proporciona las reglas por escrito. Carecen de habilidades académicas básicas y hasta su capacidad para el manejo de los recursos web resulta sumamente limitada, pues más allá de las redes sociales y búsquedas rudimentarias en Google parece que no pueden más. Si uno les pide, por ejemplo, ubicar un cuadro de mortalidad infantil, en un archivo excel, dentro del website del MINSA, muchos alumnos escriben textualmente esa frase en el casillero de búsqueda de Google (¡¡¡!!!).

Hace dos años acepté un curso llamado “Análisis de la realidad psicosocial del Perú” en el cuarto año de Psicología. De entrada solicité a los alumnos revisar una lectura titulada “La construcción del objeto”, tomada de un libro de Pierre Bourdieu, la que nos debería ayudar a entender de qué manera nuestro punto de vista genera los objetos de análisis. A la semana siguiente, cuando debían entregarme el informe de la lectura, un alumno se puso de pie para decir que no habían cumplido el trabajo porque nadie había entendido absolutamente nada de la lectura. Tuve que pasar las dos horas de la clase explicando con dibujitos, frase por frase, las primeras tres páginas del texto, dejando de lado las siguientes doce. De hecho, al finalizar el semestre desistí de seguir con el curso. Sentía que me resultaba imposible enseñarlo como correspondía.

No tengo ninguna duda de que hay un fracaso en el alumnado debido a que los jóvenes de hoy carecen de ciertas habilidades cognitivas elementales para el rendimiento académico. Es una juventud muy diferente a la que hubo hace treinta años. No es solo el hecho evidente de carecer de habilidades lectoras. Es mucho más que eso. Lo vemos después de haberles dotado de los mejores recursos posibles. Un alumno de mi Facultad, por ejemplo, no tiene ninguna excusa para no lograr un aprendizaje suficiente y excelente. Ninguna excusa. Lo tiene absolutamente todo. Incluyamos ahora los inagotables recursos que nos ofrece la web. Sin embargo, solo de tres a cinco alumnos de cada grupo de veinte alcanzan el nivel óptimo esperado. Y hay quienes definitivamente están demás.

El año que acaba de concluir tuvo dos noticias insólitas vinculadas  a estos hechos. La primera noticia nos contaba sobre un profesor de Colombia que renunció a su cátedra porque sus alumnos eran incapaces de escribir un párrafo sin errores. (Lea la nota del docente aquí). Creo que somos muchos los docentes que hemos pensado en el suicidio académico en algún momento últimamente. Pero esta noticia nos revela que el problema no es solo en el Perú. Parece ser general. Son los tiempos.

La otra noticia pertenece al Perú y es más grave aun. La Universidad de Lima fue multada y obligada por INDECOPI a no contratar a un docente que fue denunciado por un alumno, alegando que era sometido a prácticas vejatorias. (Lea la noticia aquí).  Este caso es grave porque tiene todos los ingredientes de una felonía. En primer lugar se trata de un excelente docente. En segundo lugar, el denunciante es un pésimo alumno que ha reprobado el mismo curso tres veces. El motivo de la denuncia es una aparente exigencia del docente para que los tardones bailen antes de permitirles el ingreso al aula. Debo decir que esta es una estrategia lúdica empleada por muchos docentes para motivar la puntualidad. Se hace la advertencia pero generalmente no se exige el baile. Quienes sí lo hacen son los propios alumnos. Suele ser una cuestión de compromiso entre alumnos, de la que el docente debe tratar de quedar al margen.

Resulta pues escandaloso que INDECOPI acoja la denuncia de un pésimo alumno para sancionar a la Universidad de Lima y encima impedir que este buen docente sea contratado. Ya es bastante con que la administración de las propias universidades preste oídos a las quejas de los peores alumnos, convertidos en “clientes que tienen la razón”, pero casi siempre sucede que quienes se quejan son los peores alumnos. Incluso hay alumnos que les mienten a sus padres y estos van luego a la Universidad a montar grotescas escenas de quejas indignadas, sin pensar que su angelito es un real fracaso académico. Desde mi experiencia personal he aprendido que hay que tomar con pinzas las quejas de los alumnos porque quienes se quejan son siempre los peores alumnos. Hay muchos que luego de vagar el semestre entero se acercan a pedir un trabajo que les permita salvar el curso. Incluso creo que en esta ocasión INDECOPI ha excedido largamente sus atribuciones sentando un pésimo precedente que fomentará un debilitamiento aun mayor de la autoridad y la calidad en nuestras universidades. Actualmente, gracias a estas nuevas tendencias, ya no existe ninguna disciplina en los colegios y cada vez es más difícil imponerla en las universidades.

En resumen, creo que un aspecto importante en la crisis de la universidad peruana es la calidad del alumnado que hoy llega a nuestras universidades. Probablemente sea la consecuencia inevitable de la crisis general de la educación peruana, iniciada en las escuelas. Es una crisis en cascada, que tal vez tenga su primer inicio en la crisis de la familia y en la transformación general de las estructuras sociales guiada por una tecnología del ocio cada vez más amplia y poderosa.

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 12th, 2012 at 11:32 am

Camila Vallejo elogia a Hugo Chávez

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¿Un caso de fanatismo ideológico?

Fernando Mires

Domingo, 27 de noviembre de 2011

En una entrevista concedida a Modaira Rubio, del periódico del Partido Comunista de Venezuela, Tribuna Popular, Vallejo dijo que “necesitamos que se mantenga bien y saludable para que pueda garantizar el proceso que es de todo el pueblo venezolano, pero que requiere de su liderazgo”.

Me permito en nombre de la Juventud Comunista de Chile enviarle un mensaje: Comandante, lo necesitamos en pie de lucha”, dijo la dirigente.

También saludó a la Juventud Comunista de Venezuela y los invitó a continuar su trabajo. “Sabemos que el proceso revolucionario requiere de la construcción cotidiana, y les deseo mucha perseverancia en esa lucha. Debemos seguir articulando esfuerzos, porque la pelea es universal; no sólo contra el neoliberalismo en Chile, sino contra el sistema capitalista mundial”.

Puede que lo que hemos leído hoy en los periódicos no sea verdad. Ojalá la joven dirigente estudiantil chilena nunca haya dicho lo que hemos leído. Queremos no creerlo, porque si fuera verdad, estaríamos frente a un grave caso de irracional fanatismo ideológico.

Cierto es que según la noticia, Camila Vallejo habla en nombre de las Juventudes del Partido Comunista. El problema es que ella antes que nada es dirigente estudiantil. Ella al hablar hacia un Presidente, compromete a todo el movimiento que representa.

Como líder estudiantil, Camila Vallejos debe saber que el Presidente de Venezuela no es un Comandante de nada. O le dice Presidente, o le dice Teniente Coronel, que es su grado militar. Comandante nunca ha sido. Ese es el título -no constitucional- que le dan sus más fervorosos allegados a fin de compararlo con Fidel Castro, quien lo ganó luchando en la Sierra Maestra. Chávez no ha ganado el título de Comandante en ninguna parte.

Como líder estudiantil Camila Vallejo debe saber que el “proceso” que dice conducir el Presidente Chávez no es de “todos los venezolanos”. Debe saber, por ejemplo, que en las últimas elecciones parlamentarias la oposición a Chávez obtuvo la mayoría. Decir por lo tanto que el proceso del chavismo es de todos los venezolanos, es una mentira muy grande.

Pero sobre todo, como líder estudiantil, Camila Vallejo debe saber que durante el gobierno de Chávez el movimiento estudiantil venezolano ha sido sometido a la más intensa de las represiones. Debe saber que el propio Presidente Chávez ha ordenado a los militares “echarle gas del bueno” a los estudiantes de su país. ¿Qué pensaría un estudiante chileno si el presidente Piñera, en un discurso público llamara a la policía a echarle gas a los estudiantes, y poco tiempo después recibiera el fervoroso saludo de algún dirigente de la Federación de Estudiantes de Venezuela? Esos estudiantes chilenos se sentirían, sin duda, traicionados. Así, Camila Vallejos, así es como se sienten los estudiantes venezolanos al leer lo que usted dijo.

A través de POLIS he mantenido una constante posición de apoyo al movimiento estudiantil chileno cuyas reivindicaciones me parecen justas y necesarias. Las seguiré manteniendo en el futuro, incluso si fuera cierta la noticia relativa a las palabras de Camila Vallejo dirigidas al presidente Chávez. Pero en ningún caso subscribo las palabras de la líder del movimiento estudiantil. Más todavía: en mi calidad de profesor universitario, aunque no me corresponda, me siento profundamente avergonzado. Casi quisiera pedir disculpas a los estudiantes venezolanos, sobre todo a los de la UCV, universidad que está siendo estrangulada desde el gobierno por el “delito” de que los estudiantes, en todas las elecciones habidas hasta ahora, han derrotado abrumadoramente al chavismo. Eso, Camila Vallejo, como líder estudiantil, también debería saberlo.

Tomado de Analítica.com

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Written by Dante Bobadilla Ramírez

enero 10th, 2012 at 12:07 pm