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Homosexualidad, besos y rosarios

Publicado: 2011-02-21

Ya no sé qué es peor: tener a los homosexuales besándose en la Plaza de Armas o a los religiosos rezando el rosario como si llegara el fin del mundo. El paisaje de Lima se ha vuelto surrealista e inquietante, incluso para los que tratamos de ser indiferentes con estas cosas.  Lo que me gustaría saber es a qué genio de la homosexualidad se le ocurrió hacer campaña a favor o en contra de no se qué, besándose en las escalinatas de la Catedral. Definitivamente merece el premio a la provocación y a la impertinencia.

Es difícil entender qué es lo que pretenden los homosexuales con estos actos de clara provocación y desafío a la Iglesia. Pues, a pesar de lo que afirman los gays y los infaltables defensores de todas las causas que hoy abundan,  ir a besarse en las puertas de la Catedral es una clara y abierta provocación. Que no se hagan los locos y no nos cuenten cuentos. Lo peor de todo es que han agitado el avispero y ahora tenemos a una cofradía rezando el Santo Rosario por un lado y a los gays besándose al costado.  Lo que nos faltaba.

De hecho, si lo que los gays querían era ganar la aceptación en el público, lo que han cosechado es exactamente todo lo contrario. Y no había que ser un genio para adivinarlo. Incluso para quienes la homosexualidad nos tiene sin cuidado, ver ese espectáculo es denigrante. Este es un país en donde el exhibicionismo está mal visto. No hay que discutir si eso está bien o está mal, el hecho es que es así y punto. Acá ni siquiera las llamadas "modelos" quieren posar desnudas. Este es el único país en donde las modelos solo posan con bikini y consideran un pecado posar para Playboy. Ya hemos escuchado a la última Miss Colita explicar que "mi papá no quiere que pose desnuda". Así están las cosas acá, y no las vamos a cambiar con besos homosexuales en la Catedral.

Hace dos años estuve en los alrededores de la piscina de un club con unos amigos, y podíamos ver en medio de la piscina a una parejita de chicos que se besaban ardorosamente como si estuviesen filmando una de estas telenovelas eróticas de hoy. Al rededor de ellos había medio centenar de adolescentes y niños disfrutando del agua y más de uno miraba sorprendido el show de besos. Los besos se tornaron tan largos, apasionados e insistentes que empezaron a mortificar a los padres de familia. Un par de señoras fue a quejarse a la Administración, y volvieron con dos vigilantes y el administrador a pedirles a los chicos que se retiren de la piscina.

Los chicos salieron  del agua y al pasar por un grupo de padres, un señor con un tono muy molesto le dijo al muchacho que se fueran a una hostal. El chico se detuvo y le respondió al tipo que le estaba faltando el respeto a su enamorada. El otro se quitó las gafas y le dijo: "el que le falta el respeto eres tú al exponerla a este triste espectáculo. Hay lugares adecuados para cada cosa. Ubícate chico. Estás frente a montón de niños". Más o menos así es como recuerdo aquel incidente. Es un ejemplo de la irritación que provoca el exhibicionismo en nuestra sociedad. Ahora bien, si esto era entre una pareja heterosexual, el rechazo es mayor frente a un acto de homosexualidad. Es un hecho que a mucha gente le repugna ver a dos hombres besándose, e incluso a dos mujeres.

El punto es que el exhibicionismo no solo es mal visto sino que es una conducta desviada. O sea, es parte de la psicopatología. No se refiere solo a la exhibición de las partes íntimas, sino que tiene un sentido más amplio que incluye la realización de actos íntimos en público, e incluso llega a la constante autorreferencia durante las conversaciones. Así que lejos de defender lo indefendible, habría que sugerirles a los amig@s gays que cambien su estrategia. La mejor manera de ganar aceptación es comportarse normalmente y respetar los convencionalismos sociales y, sobre todo, a las instituciones sociales. No hay nada peor que una persona ruidosa, escandalosa y exhibicionista, o alguien que pretende cambiar el mundo de la noche a la mañana con acciones chocantes. Así no van a ganar nada más que repudio. Y es lo que han cosechado en estos días.

Esperemos que las cosas vuelvan a la normalidad por el bien de todos, y especialmente de la ciudad. Todos queremos vivir en paz y eso exige saber respetarnos mutuamente.


Escrito por

Dante Bobadilla Ramírez

Psicólogo cognitivo, derecha liberal. Ateo, agnóstico y escéptico.


Publicado en

En busca del tiempo perdido

Comentarios sobre el acontecer político nacional y otros temas de interés social