se fue a ver Stranger Things

¿Qué nos pasa?

Publicado: 2011-10-03

Esta semana hemos apreciado el mismo panorama típico ya de nuestra cultura después de una tragedia, incluyendo la tragedia:

a) Aparece el Alcalde del distrito con su cartelito de "CLAUSURADO" y su denuncia de que no tenían licencia. Lo nuevo ahora es otro Alcalde que se ha metido al show con la inesperada propuesta de establecer un monumento a la víctima.

b) Aparecen los congresistas figuretis pidiendo comisiones investigadoras, sanciones y penas más severas, una "ley anti" y una visita de inspección al lugar de los hechos.

c) Las autoridades declaran que ellos han cumplido su misión "hasta donde la ley señala". Los demás declaran también haber hecho su parte. Al parecer todos han hecho su partecita pero no hay nadie que se ocupe del todo.

d) Los comentaristas deportivos demuestran una vez más que más allá del fútbol son incapaces de dar un comentario atinado. Se limitan a pedir la cabeza de medio mundo, empezando, para variar, por Manuel Burga. Chillan en la radio "acá hay responsables directos que deben ser sancionados". No se refieren a los matones que causaron los desmanes en los palcos sino a los directivos cremas.

e) El periodismo carroñero aterriza sobre el muerto para magnificar y alargar la escena durante toda la semana, con el infaltable especial dominical donde se mitifica a los vándalos para acabar cubriendo la vida y milagros del finado, con entrevista a la consternada familia, paneo de la habitación, los juguetes y la cama del que en vida fue, mientras una sonata de piano hace fondo a la trágica voz de la narradora.

f) Por último, las declaraciones generalmente desafortunadas, vagas y hasta tiradas de los pelos, de algunos especialistas mediáticos siempre entrevistados. En especial la de un psicoanalista que ha llegado a asegurar que lo ocurrido no ha sido una trágica eventualidad producto de las circunstancias sino que "esto ya estaba planificado".

Más allá de lo aburrida que resulta esta situación prácticamente cotidiana, debemos hacer un esfuerzo por analizar la situación global. Es decir, deberíamos ir más allá del caso concreto y estudiar nuestro escenario. ¿Qué nos pasa?

José Ortega y Gasset decía "No sabemos qué es lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa". Tenía razón. Hoy sabemos que existen trastornos culturales y que estos son indetectables por quienes viven inmersos en ellas. Las culturas son estructuras lógicas de razonamiento colectivo y ejercen su influencia moldeadora en los sujetos desde el nacimiento. Ingresan a la mente a través del lenguaje y de los modos de vida definidos a los que se inserta el sujeto. Nadie se da cuenta de que vive en una especie de delirio colectivo, ya que todos creen en lo mismo. El que piensa distinto es el que está equivocado.

Podemos ser conscientes de las perturbaciones de otras culturas. Por ejemplo, cuando las vemos retratadas en los documentales de National Geographic. Uno las ve y dice "qué culturas tan atrasadas, viven adorando ídolos y con creencias absurdas". Pero pasa exactamente lo mismo con nosotros. Si alguien, en una cultura más civilizada, viera las escenas alrededor de la Cruz de Motupe, la procesión del Señor de los Milagros y las borracheras espantosas en que acaban las fiestas patronales, pues diría lo mismo de nosotros. Es decir, somos tan salvajes como una tribu africana, con algunos matices distintos apenas.

Deberíamos hacer algo distinto a lo habitual. Estamos en un agujero del que no podemos salir y seguimos patinando sobre el mismo lugar. No vemos la solución y no intentamos nada nuevo, pero aún queremos acelerar más. Nos recetamos siempre más de lo mismo: más leyes y más organismos. Somos víctimas de nuestro espejismo cultural o de nuestra locura colectiva. Algunos aspectos que me parecen señalables como partes centrales de nuestros problemas culturales son estos:

a) La creencia de que todas las soluciones consisten en crear organismos y dar leyes. Antiguamente se inventaba un dios para cada aspecto de la vida y enseguida se le edificaba un templo. Con eso se esperaba la solución de los males. Hoy hacemos leyes y creamos organismos. No hemos cambiado mucho. Todos tienen la tonta idea de que creando un Ministerio o dando una ley se solucionarán los problemas.

b) Lo anterior nos ha llevado a una desconexión con nuestra cultura, al asumir que siempre son otros los responsables y cada día asumimos menos responsabilidad. La práctica cotidiana es desligarse de las responsabilidades. Incluso existe una estrategia de gestión que predica esta metodología: trasladar responsabilidades. Lo que vemos en los hechos es que ya nadie se hace responsable de nada. Pero lo peor es que si alguien se hace responsable, acaba enjuiciado y condenado. En nuestra sociedad se enciende una alerta y se despiertan las sospechas cuando alguien pretende asumir una responsabilidad. Lo usual es que acá nadie decide nada ni firma nada. La mejor gestión se llama: que otro lo haga.

e) Padecemos una cultura orientada a la exaltación irracional de los derechos y a la reclamación de los mismos, en desmedro de una actitud responsable y comprometida orientada a asumir deberes frente a los demás. Acá todo el mundo cree que los demás están para servirle y respetar sus derechos, sin asumir responsabilidad alguna.

En medio de la competencia de creatividad que hemos tenido esta semana para dar solución a la violencia, las únicas voces sensatas han dicho esto: "ya existen todos los organismos y las leyes necesarias. Solo tienen que cumplir su trabajo". Sin embargo, el Ministro del Interior ha aparecido como el primero en querer esquivar su responsabilidad. En lugar de explicar la pésima distribución policial al interior del estadio y su pasmosa reacción ante los desmanes, ahora quiere dar lecciones de eficiencia y responsabilidad. Al mejor estilo del cachaquismo velasquista ha dicho, acatando a su jefe: "nadie abre un estadio hasta que no me garanticen la seguridad". ¿Pero acaso no es él quien tiene que garantizar la seguridad?

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Escrito por

Dante Bobadilla Ramírez

Psicólogo cognitivo, derecha liberal. Ateo, agnóstico y escéptico.


Publicado en

En busca del tiempo perdido

Comentarios sobre el acontecer político nacional y otros temas de interés social