El peligro de Ollanta en el poder

Publicado: 2011-05-21

Me esfuerzo por ser pragmático. Debo carecer del gen de la ingenuidad y del idealismo porque siempre fui un desconfiado cartesiano y nunca acepté la "sabiduría popular". Más tarde eso me hizo agnóstico y escéptico. Es decir, no creo en dioses ni en lo que la gente llama "ciencia". (De hecho me baso en la ciencia, pero no en la del cientificismo académico). Me dedico a combatir las pseudociencias (como el psicoanálisis), la superchería, la religiosidad, el idealismo político y la estupidez en general. Y por eso mismo nunca pude ser de izquierda.

En esta coyuntura electoral hay grandes desequilibrios en los juicios y profundos sesgos en los análisis. Sin duda hay factores que alteran el buen juicio, pero es indispensable hacer un esfuerzo por lograr un punto de vista pragmático acerca de lo que significaría Ollanta Humala en el poder. Acá algunos alcances realistas.

En primer lugar, creo que nadie podrá discutir el hecho real de que estaríamos entregando el país a un improvisado que carece de las aptitudes, la formación y la experiencia necesarias para gobernar un país. Todo el mundo sabe quién es Ollanta Humala y de dónde salió. Lo repetiré por si lo han olvidado. Ollanta Humala es uno de esos militares aventureros que se metieron al Ejército para llegar al poder. Lo ha dicho su propio padre. Es uno de los tantos alucinados de uniforme que se creen salvadores de la patria y que tanto daño le han hecho al país.

Colocar a Ollanta Humala en el poder significaría premiar a los aventureros militares que, desde los inicios de la República, creen que se puede asaltar el poder a balazos. Sería una humillación para un país que se esfuerza por construir su democracia al margen de caudillos iluminados. Por eso me parece ridículo que algunos traten de vincular el voto por Ollanta con la preservación de la democracia, cuando es todo lo contrario.

Pero más allá de eso, que puede parecer trivial a mucha gente, está el hecho innegable de que Ollanta Humala no tiene la formación adecuada ni la experiencia y ni siquiera la capacidad mental para dirigir un país complejo como el nuestro. Me preocupa comprobar a cada instante que se trata de un sujeto sumamente limitado, a quien le han prestado un plan de gobierno ajeno que luego se lo han recompuesto. Habría que preguntarse ¿cuál es la idea que propone este señor para el país? ¿Tiene una idea clara de lo que quiere? Porque la impresión que deja es que sólo le interesa llegar al poder con cualquier plan, complaciendo a los que más pueda. ¿Así es como piensa gobernar?

Preocupa también el hecho de que ya no se sabe lo que Ollanta Humala se propone. Ha dado tantas vueltas y cambios que no se sabe qué vale y qué no vale de su plan original, que para algunos sigue vigente. Me pregunto ¿a quién escuchará Ollanta en el poder? ¿Escuchará a un moderado Kurt Burneo, si sobrevive? ¿O escuchará a un delirante Javier Diez Canseco? ¿A quién preferirá Ollanta en la educación? ¿Preferirá el interés de los estudiantes que no votan ni hacen huelgas o el de los maestros del SUTEP que tanto le han aplaudido en estos días? La guerra de posiciones y de cuotas de poder entre todas sus facciones será inminente en un gobierno de Gana Perú. Es posible que Ollanta se quede huérfano antes de lo previsto. El desgobierno será inevitable.

Además de preocuparnos de las condiciones personales de Ollanta Humala, debemos preocuparnos de lo que llevaría al poder. Es decir, a toda la izquierda nacional en su conjunto, porque en su combi se han subido todos, desde los más cavernícolas pro terroristas hasta los más suaves caviares, pasando por los tecnócratas del velasquismo y los soñadores del marxismo. Está toda la fauna de izquierda completa, como si Gana Perú fuera el arca de Ollanta. ¿Se imagina alguien a toda esa gente peleándose por los cupos del poder? ¿Alguien cree que Ollanta Humala será capaz de poner orden en ese zoológico de extremistas, quijotes y afiebrados delirantes de la izquierda tratando de imponer sus ideas?

Por último, si Ollanta no sucumbe ante sus propias comprobadas y evidentes incapacidades personales, y no se hunde con el manicomio de su arca política de izquierda, todavía lo espera el conjunto de grupos mafiosos de poder que lo han apoyado en su campaña. Un presidente que carece del soporte de un partido propio fuerte y consolidado, es presa fácil de los lobos. No será nada raro ver que quienes lo apoyaron en esta campaña, se aparten del ollantismo apenas sientan que no satisface sus apetitos ni sus consignas. Es imposible satisfacer a tal variedad de intereses. Ya ha sucedido antes. Y frente a esa falta de sustento político, cualquier presidente se convierte en el desayuno de los grupos de poder. Es una ventana abierta a la corrupción y al desgobierno.

No tengo nada contra Ollanta Humala. A pesar de todo lo que veo en él creo que es un buen tipo y una persona de buena voluntad. Pero eso no basta para ser presidente. Alguien muy sabio dijo que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Hay otro que dijo que las buenas intenciones sumadas a la ignorancia producen el explosivo más mortal para un país. Ya nos ocurrió con Alan García en su primer gobierno. No era más que un muchacho con buenas intenciones pero con un gran poder en las manos. Espero sinceramente que no elijamos otra vez esta opción. Tenemos otra que es apenas mejor, pero mejor a fin de cuentas. Me parece sumamente absurdo que algunos juzguen a Keiko no por lo que es sino por lo que "representa". Vamos, señores, un poco de pragmatismo. Las personas son lo que son. Nada más.

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