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Los mitos mediáticos

Publicado: 2011-05-31



La política no es una ciencia. Es todo lo contrario. Está dominada por mitos y fantasías. Esto hace que en los países donde no existe un buen sistema electoral ni un adecuado modelo democrático, la política se convierta en un manicomio. Y eso es exactamente lo que ocurre en el Perú, donde el sistema electoral es el más estúpido que hay en el mundo. Es un sistema basado en el absurdo principio del "todo vale".

La consecuencia funesta de este sistema es que los medios, en lugar de informar y educar al público, se extralimitan en la fabricación de psicosociales. Bajo el peso de los mitos mediáticos la realidad desaparece y se vive en una fantasía electoral repleta de mentiras. En este oficio hay cierta prensa que no tiene competencia en el Perú.

Desde que tengo memoria, los psicosociales han marcado la pauta de la política peruana. Por ejemplo, el primero que recuerdo es el de la famosa "página once", utilizada para provocar y luego justificar el golpe militar contra el presidente Fernando Belaúnde Terry en 1968. Cuando diez años después tuve ocasión de investigar este caso hasta sus mínimos detalles, quedé sorprendido de la precariedad de su verdad. Todo había sido una vil mentira montada por la prensa. Pero lo importante es que mucha gente lo creyó.

Hoy estamos en la misma situación. Gran parte de lo que publica la prensa de izquierda es pura mitología. Y hace falta tener algo de oficio en este campo para saber reconocerlo. Por ejemplo, hablemos de las esterilizaciones forzadas. No he investigado este caso pero el Ministerio Público sí lo ha hecho y no ha hallado nada. Sin embargo, los medios continúan expulsando su veneno para ensuciar a Keiko. Yo creo que no necesitan recurrir a mentiras para enlodar al fujimorismo de los 90, pues ese fujimorismo está en el cuchitril de la historia. Lo que hacen los medios al inventar mentiras es desprestigiarse ellos mismos.

El infundio de que hubo una política de exterminio de pobres fundada en las esterilizaciones masivas para evitar que estos sigan reproduciéndose, es algo que no resiste el menor análisis. Es un buen argumento para una novela de ciencia ficción, pero resulta inverosímil como política de Estado. Olvidan los escribidores de esta prensa que las políticas de Estado en la sanidad se llevan a cabo con el compromiso y la actuación de miles de personas, entre médicos y otros profesionales de la salud. ¿Alguien puede creer que es factible comprometer a tantas personas (de todas las afinidades políticas) en la comisión de un abierto delito? Imposible.

Los médicos tendrían que dejar de lado no solo sus propias convicciones éticas personales sino toda la ética médica. Más que eso: tendrían que dejar de lado incluso los protocolos médicos y hasta la propia ley, pues a nadie se le puede sacar siquiera un uñero sin su consentimiento. Existe lo que se llama "consentimiento informado" y no solo es parte de la ética médica sino de la ley. El paciente debe estar informado y debe autorizar la intervención del médico por escrito. Y si el paciente no puede, algún familiar cercano. Creo que eso lo sabe todo el mundo.

Así que resulta bastante ridículo pensar que se puede comprometer a miles de médicos y enfermeras en la ejecución de un plan tan macabro. Es francamente estúpido y delirante. Por último, si esto hubiese sido cierto, tendría que existir un documento oficial, una Resolución Suprema, una directiva de cualquier rango ministerial que dicte la orden. Lo cierto es que no existe. Si lo hubiera ya habría sido presentado pues las normas se imprimen por centenares para su distribución por todo el aparato ministerial. No existe esa orden.

Lo que sí hubo fue una política de población que incluía la posibilidad de asistir a las mujeres que desearan ligarse, además de ofrecer otros medios de planificación y control. Eso no tiene nada de malo. Al contrario. Miles de mujeres lo desean. Cualquiera que haya trabajado en las zonas marginales conoce la realidad de las mujeres pobres, maltratadas y/o abandonadas por sus parejas con cinco, seis o siete hijos. Aunque no es nada raro ver a ocho niños escuálidos tiritando de frío en el arenal y durmiendo hacinados bajo una casucha de esteras. Tampoco se puede ser indiferente ante esa realidad.

La verdad es que estas mujeres no quieren tener tantos hijos. Por desgracia tienen miedo de solicitar ayuda profesional en planificación familiar porque los salvajes de sus maridos se lo impiden. Ellos creen que la mujer les será infiel si usan algún método de planificación. Por eso es que la ligadura de trompas es una buena opción para ellas. Lamentablemente no han sido pocos los casos en que el marido era quien hacía la denuncia, luego de enterarse. A las mujeres solo les quedaba decir que ellas no sabían nada.

Cualquiera que haya trabajado en este campo sabe lo difícil que resulta implementar una política de planificación y control de la natalidad y, sobre todo, de paternidad responsable. Es todo un reto, pues se debe enfrentar muchos problemas en diversos campos, además de soportar la intromisión y oposición de agentes extraños como el clero. Pero eso no debe ser motivo para dejar de lado una política de planificación familiar por parte del Estado. Hay que hacerlo. Pero pese a su importancia capital para mejorar las condiciones sociales de los sectores más vulnerables, nunca se la menciona y se la deja de lado incluso en los planes de gobierno.

En esta campaña hemos escuchado propuestas estúpidas que son solo psicosociales, como la famosa "lucha anticorrupción" o la de "derechos humanos", en los que francamente no hay mucho que hacer más que un saludo a la bandera. Todas las leyes ya existen. En cambio en cuestiones vitales como la planificación familiar, nada se ha dicho. Perdón. Sí se ha dicho. Han salido los medios de izquierda a fabricar mentiras.

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En busca del tiempo perdido

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