Yo me quedo en casa

El absurdo modelo de las tesis universitarias

Publicado: 2015-11-12


Cuando se habla de la crisis de la universidad imaginamos universidades chicha funcionando en locales improvisados. Pero hay aspectos que no se pueden graficar con una imagen, aunque están muy enraizados en las universidades, incluso en las de prestigio. El profesor Eduardo Zapata escribió en El Montonero acerca de las tesis universitarias, un problema profundo del que se habla poco o nada, pero que es la cereza del pastel, porque toda la estructura de la enseñanza está orientada hacia la justificación del título mediante un mero trámite académico, donde lo que más cuenta son las formas. 

La tesis es un documento que sustenta la solvencia profesional de un egresado. Dependiendo del campo, existen más de veinte modalidades de tesis. Sin embargo, en nuestro medio se ha consagrado la tesis fundada en la metodológica estadística. Los estudiantes carecen de libertad para elegir su modalidad de tesis porque son orientados obsesivamente hacia este modelo preestablecido, cuyo formato se les entrega para ser realizado paso a paso. Para ello, el curso de metodología está garantizado, pero nunca se enseña epistemología, que es lo que le da el sentido al conocimiento. Por eso mismo los estudiantes conocen bien los pasos del método pero están perdidos ante el reto de generar saber. Y lo que es peor: no se lo permiten.

¿Cómo se puede probar la solvencia profesional si lo primero que se exige en la tesis es que sea un documento despersonalizado, con absoluta fidelidad al modelo, con un marco teórico que responde a teorías ajenas y a veces obsoletas? ¿El método es copiado y los instrumentos prestados? Es un absurdo. Estamos frente a la pérdida total del sentido de la ciencia como una actividad del pensamiento libre, enfrentado a la realidad con el fundamento de su racionalidad y saber. Se ha maniatado al estudiante para que solo brinque sobre las líneas trazadas.

Todo lo que se exige de las tesis es la fidelidad al modelo, con la ejecución estricta de los pasos metodológicos cual ritual sagrado, más el agravante que el procesamiento estadístico que sustenta el modelo, es ignorado por la gran mayoría de estudiantes. Es decir, no saben estadística (y no tienen por qué) pero su tesis se basa en ella. Tanta es la obsesión por seguir un formato que incluso la redacción debe ser ajustada a amaneramientos formales derivados de exigencias editoriales, como si se tratara de un artículo de revista y no de una tesis. Se llega al ridículo de que, siendo una tesis personal, se le impide al autor hablar en primera persona incluso de sus propias ideas, cambiando así el sentido de la expresión, porque no es lo mismo decir “yo pienso” que “se piensa”. El resultado final de toda esta parafernalia acartonada y sin sentido es simplemente la pobreza de las tesis, que aun cumpliendo con todos los estándares metodológicos y formales, tienen poca utilidad. Pero esto a los asesores y jurados es lo que menos les importa, como lo menciona el profesor Zapata. Se trata de un mero trámite donde todo lo que cuenta es cumplir el ritual sagrado de adoración al método. Lo que se exige finalmente es solvencia en el método, el cual que es el mismo cualquiera sea el tipo de problema que se desee investigar. 

Esta situación ha sido profusamente criticada en la academia desde hace medio siglo. Hay cuestionamientos desde el punto de vista filosófico e incluso científico. Paul K. Feyerabend desmontó la idea del método en la ciencia y Percy Bridgman amplió los alcances de la investigación científica. Las críticas a la “metodolatría” aparecieron en los años 50, apenas empezó la fiebre de la metodología estadística. Incluso desde la propia estadística hay críticas al significado del valor p. Artículos explosivos como “Why Most Published Research Findings Are False” del Dr. John P. A. Ioannidis activaron las alarmas en todas las revistas científicas. Los artículos que alertan acerca del verdadero alcance y significado de la “significancia estadística” en medicina, psicología y ciencias sociales abundan. Sin embargo, nuestro ambiente académico sigue sumergido en el fetichismo metodológico estadístico y en el acatamiento estricto de formalidades de redacción despersonalizadas que carecen de sentido en la generación de conocimiento científico. Solo han logrado consagrar la mediocridad general. Este es un aspecto de la crisis de nuestro sistema universitario del que no se ha dicho nada.


Fuente: El Montonero


Escrito por

Dante Bobadilla Ramírez

Psicólogo cognitivo, derecha liberal. Ateo, agnóstico y escéptico.


Publicado en

En busca del tiempo perdido

Comentarios sobre el acontecer político nacional y otros temas de interés social