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Cachaquito valiente

Publicado: 2015-12-13

Una vez más, Ollanta Humala expone en toda su magnitud, su verdadera naturaleza de hombrecillo miserable y poco cultivado, soltando una andanada de improperios contra un ex presidente preso, que no está en campaña ni se puede defender. Más aun, ni siquiera hace falta, no viene al caso. ¿Para qué lo hace? Nuevamente Ollanta Humala deja en claro que está muy lejos de la investidura presidencial que por error de la democracia detenta. La presidencia nunca había estado en peores manos ni había caído tan bajo. Desde los tiempos de Velasco, no habíamos escuchado a un presidente insultando a otros, maldiciendo el pasado, atizando odios ni creando la división entre peruanos. 

Ollanta Humala solo está al nivel de un patán de callejón de mala muerte. Su carga de insultos contra Alberto Fujimori ha dado la vuelta al mundo, y deben estar viéndonos como un país de salvajes a cargo de un matón al mejor estilo de Maduro, Hugo Chávez o Fidel Castro. Es una vergüenza para todos los peruanos que un sujeto de esa calaña sea nuestro presidente. Definitivamente no nos representa. Y por supuesto, su mujercita no está muy lejos de ese nivel, lo secunda perfectamente. Se trata claramente de una pareja de delincuentes de la política que hoy no saben como explicar sus trapacerías y enjuagues llevados a cabo para treparse al poder y vivir de la política.

Se ha hecho una patética costumbre en el Perú que cualquier papanata que quiere un perfil de "luchador anti corrupción" se sume a la rabiosa jauría antifujimorista generada por la izquierda pro terruca rencorosa y vengativa. Algunos se esmeran en elevar la voz y el tono de sus insultos, como si su agresividad radical contra el fujimorismo les diera mayores méritos y brillo. Para estos idiotas de la política y la prensa, mostrarse como antifujimorista equivale a exhibir sus credenciales de honradez y sabiduría. Lo "políticamente correcto" en estos tiempos es colocarse la camiseta de "No a Keiko" y vivir criticando los 90. Los tontos tienen una especie de fijación con la idea de que insultar al fujimorismo les da nivel intelectual y moral. No es raro pues que tanto los politicastros de baja estofa como los más limitados periodistas hagan uso de este recurso tan manoseado.

A nadie se le ocurre hoy reconocer un solo mérito al fujimorismo de los 90 porque resulta peligroso para su imagen de luchador anticorrupción y demócrata cabal. Ya nadie tiene huevos para decir la verdad y separar la paja del trigo. El antifujimorismo es la paja mental del mediocre común y corriente en estos tiempos, empezando por los delirantes de la izquierda pro terruca y acabando con los poseros de la moral, que hoy andan por todos lados predicando anticorrupción. Esta postura es parte del teatro político actual, lleno de actores que solo se han aprendido el guión de una farsa.

Según estos fabuladores los 90 fueron la peor época de la historia. Ya no recuerdan lo que era el Perú antes de los 90. Han olvidado (o nunca conocieron) la endémica crisis económica que nos hundía en la escasez con colas diarias para comprar lo básico y racionado, el terrorismo que nos asolaba con muertos cada día, la pobreza que crecía, la gente que se iba del país en masa, la corrupción que copaba todos los ámbitos del mega Estado con sus 300 empresas públicas quebradas. Tal vez muchos son jóvenes y no conocieron nada de esto. Hoy disfrutan de un país que crece y todavía se quejan. Jóvenes imberbes salen a insultar a Fujimori como si solo la corrupción hubiera existido en el gobierno que recuperó al Perú de la miseria durante los 90. Nadie ha hecho un verdadero esfuerzo por estudiar la corrupción en el Perú. Nunca se hicieron comisiones investigadoras de la dictadura militar que hizo lo que le vino en gana con el país, dejándonos como herencia deudas cuantiosas y un país en franca decadencia.

Actorcillos de tercer nivel que apenas califican como extras de la política, como Fernando Andrade, han llegado al ridículo de afirmar que nunca se aliarían con el fujimorismo porque son estrictos en su postura anticorrupción. Acto seguido corrió a aliarse con César Acuña, el más prontuariado candidato en campaña. Lo mismo pasa hoy con el PPC, tan críticos de la moral de otros, y ahora acabaron de aliados del APRA, un partido que carga con su propia historia de corrupción en dos gestiones, aunque la primera fue recubierta con polvo y paja pese a la pestilencia que emanaba. Hasta ahora nadie entiende por qué a Alan García no lo incriminan también como "autor mediato" de la matanza de El Frontón y otros genocidios cometidos durante su gestión, en especial por el Comando Rodrigo Franco, una versión aprista del Grupo Colina. ¿Por qué solo se ensañan con Fujimori?

Por último, cabe mencionar al pastor Lay, predicador de la fe y la moral, hoy aliado de Acuña. En este país nadie está para predicar moral, y menos en la política, y mucho menos desde la izquierda, lo que ya da náuseas. Y por supuesto, el menos indicado para hablar de ética es Ollanta Humala y su mujercita, firmes candidatos a ocupar una celda si existe la justicia para todos y no solo para algunos.


Escrito por

Dante Bobadilla Ramírez

Psicólogo cognitivo, derecha liberal. Ateo, agnóstico y escéptico.


Publicado en

En busca del tiempo perdido

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