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La virgen de Guadalupe: el gran fraude de la Iglesia Católica

Publicado: 2015-12-13

El 12 de diciembre se celebra una de las creencias místicas más veneradas en Latinoamérica: la virgen de Guadalupe. Esta expresión mística tuvo su origen en México apenas tras la llegada de los españoles durante la época de la conquista y hoy está extendida por gran parte de Latinoamérica. La veneración de la virgen María en todas sus manifestaciones ha estado creciendo en el mundo católico latino en los últimos tiempos hasta convertirse casi en la más relevante, habiendo suplantado ya en algunos espacios al mismísmo Cristo o incluso a "dios padre". De hecho el tal "dios padre" hace tiempo fue reemplazado por los cristianos adjudicándole a Cristo la condición de divinidad, un mecanismo psicológico social que es muy común desde la antigüedad hasta nuestros días. Solo tenemos que ver la divinización de Hugo Chávez en Venezuela, la de Maradona en Argentina o Kim Il-Sung en Corea del Norte. La divinización de los personajes más influyentes de la comunidad es un mecanismo psicológico social humano, así como la tendencia hacia la adoración. El ser humano ha adorado prácticamente todo lo que hay sobre este planeta y encima de él. 

Nos toca abordar hoy el fenómeno de la adoración de la virgen de Guadalupe. El mito se ha ido cubriendo de sofisticación a lo largo del tiempo, atribuyéndole a la imagen toda clase de propiedades mágicas, tal como ha ocurrido en otros casos similares. También es una actitud muy común. Se ha dicho, por ejemplo que sus pupilas reflejan la escena de la aparición, que la ciencia no descubre qué clase de tintes se usaron y otros incluso hablan de que fueron alienígenas contactando a los humanos. Por su parte, el Vaticano ha canonizado al indígena que supuestamente tuvo la visión. Una actitud racional nos tendría que llevar, en primer lugar, a eliminar toda clase de misticismo eliminando los rasgos mágicos y sobrenaturales del fenómeno, pues estos son solo producto de la imaginación humana. Luego de una investigación documentada sobre la virgen de Guadalupe lo que hemos hallado es lo que sigue.

La Conquista de México fue una empresa muy dura para los españoles. Allá no la tuvieron tan fácil. Después de doblegar militarmente a los mexicas, lo que seguía era doblegarlos mentalmente. Los méxicas eran un pueblo que permanecía muy ligado a sus tradiciones y a su propia lengua. No fue nada fácil convertirlos a la religión católica. La historia empieza con el primer obispo de Nueva España, Juan de Zumárraga, aunque este nunca narra absolutamente nada de lo que se le atribuye. Pese a que Zumárraga dejó cuatro obras doctrinales escritas, nunca dijo nada de la Virgen de Guadalupe. No hay un solo documento dejado por este obispo que se refiera a la supuesta historia que se le atribuye. Este cuento empezaría recién con el siguiente obispo, Alonso de Montúfar, quien en el afán de doblegar a los indios y reemplazar sus tradiciones paganas, les inventó una virgen pintada en un lienzo de cáñamo. Aunque nuevamente debemos advertir que Alonso de Montúfar tampoco dejó nada escrito, sino tan solo un lienzo pintado con una virgen.

La famosa pintura de la “Virgen de Guadalupe” fue ordenada por Fray Alonso de Montúfar, a un pintor indio de nombre Marcos Cipac de Aquino en la década de 1550. Esta aseveración se basa, en primer lugar, en que el propio manto está firmado por Marcos Aquino, a los ojos de cualquier buena lupa. Pero si esto no es suficiente, se conserva por escrito un sermón pronunciado el 8 de septiembre de 1556 en la capilla de San José, a cargo de fray Francisco de Bustamante, provincial de la orden franciscana, ante el virrey, audiencia y vecinos principales de la ciudad de México, en la que el padre Bustamante critica al culto a la virgen y señala que la imagen fue pintada por el indio Marcos Cipac de Aquino. Los franciscanos se oponían rotundamente a toda forma de adoración de iconos. Este sermón sería la primera denuncia histórica del fraude que estaría por empezar un siglo después, cuando se inventó la historia en torno a la pintura.

La historia se montó precisamente alrededor del cerro del Tepeyac, lugar del culto indígena a la diosa Coatlicue (“señora de la falda de serpientes”) o Tonantzin (“nuestra venerada madre” en nahuatl). Era tan persistente este culto pagano de los indígenas, que a Fray Alonso de Montúfar no se le ocurrió mejor idea que reemplazar su diosa por una virgen católica, para lo cual mandó pintar un lienzo con la virgen. Este lienzo está confeccionado básicamente de cáñamo y lino, fibras muy duraderas, como lo sabe cualqueira que haya tenido una prenda o un manto de estas fibras. No es un ayate, que es una tela hecha mayormente de fibra de maguey, de corta duración. Los tintes son los mismos que se empleaban en el siglo XVI, es decir, cochinilla, sulfato de calcio, hollín, etc. No es, como dicen los creyentes, un misterio para la ciencia. Incluso el manto ha pasado por numerosos procesos de restauración, contrariamente a lo que repiten los creyentes, quienes aseguran que se encuentra en “perfecto estado de conservación sin necesidad de cuidados y a pesar de que se mantuvo por siglos ante la intemperie”, lo cual es completamente falso.

Para 1895, la imagen estaba en tan mal estado, que la cambiaron a escondidas del público, encargándose de ello el Padre Plancarte. Para suplir el viejo cuadro se escogió uno que estaba en el convento de Capuchinas en la Ciudad de México, D.F. El diario “El Universal” del 3 de diciembre, de 1895, contiene las declaraciones del Padre Plancarte acerca de las lamentables condiciones en que se hallaba la imagen. Lo curioso es que en dicha restauración decidieron “modernizarla” y le quitaron la corona que originalmente lucía la virgen. Hecho que fue denunciado por muchos observadores acuciosos, pero silenciado por la Iglesia. Incluso señalan que la fisonomía y el traje cambiaron de aspecto. Cuando Plancarte fue confrontado por las transformaciones, inicialmente negó que la Virgen haya tenido una corona, pero fue desmentido por las copias que ya existían. Entonces dijo lo más salomónico: desapareció por un milagro de la Virgen. Cosa que, desde luego, todos los creyentes creyeron.

El templo a la diosa Coatlicue Tonantzin en el cerro del Tepeyac fue destruido por las huestes españolas, a la vez que destrozaron todos los ídolos para evitar su adoración. Sin embargo, la tradición indígena persistió, por lo que los franciscanos decidieron colocar una pequeña hermita. Con el tiempo, la intención de reemplazar los ídolos de adoración por una virgen pareció lo más salomónico. Los españoles, y en particular Fray Alonso de Montúfar, consciente de la importancia que tenía el culto a la diosa Coatlicue Tonantzin en el Tepeyac, mandó pintar la imagen de una virgen en la hermita, a fin de que los indígenas tuvieran algo visible para su adoración. La existencia de esta hermita está datada en 1530. Se supone que la aparición de la Virgen de Guadalupe, según la historia oficial, habría ocurrido en 1531. Aunque no existen relatos escritos de esta aparición sino hasta un siglo más tarde, cuando la veneración a la virgen estaba decayendo en la población y resurgía el culto a la diosa Coatlicue Tonantzin.

La historia que se conoce hoy sobre la Virgen de Guadalupe no aparece hasta 1649. Es el primer registro escrito y no es más que literatura. Es básicamente una obra literaria conocida como el “Nican Mopohua”, escrita aparentemente por Antonio Valeriano en lengua náhuatl. Aunque Valeriano murió en 1605, la obrita no fue publicada sino hasta 1649 para emplearla como instrumento de evangelización. Esta narración es parte de una obra mayor llamada “Huey Tlamahuizoltica”, mandada escribir por Luis Lasso de la Vega, vicario de la capilla construida en el Tepeyac y encargado de reformar el culto de los indígenas. Todas estas historias habrían sido urdidas por las mentes de los religiosos católicos con las claras intenciones de doblegar los ritos paganos de los mexicas o suplantarlas por ritos católicos. En suma, de toda esa fabulosa historia solo hay este librito de 1649 y el manto pintado en la década de 1550 por Marcos Aquino, y restaurado innumerables veces. El resto es cuento. Se han armado una cantidad innumerable de embustes alrededor de la pintura, como el que sus pupilas miradas de cerca contienen figuras humanas, y otras cosas aún más absurdas y delirantes. A lo largo de 450 años las versiones han estado sumándose y mezclándose formando lo que llamamos el "túmulo cultural", que es una especie de termitero humano que a fuerza de acumular versiones a lo largo de los siglos acaba teniendo una forma vital para la comunidad, y como tal es defendida por ella aunque su forma sea un absurdo y su origen, completamente irracional.

Un dato adicional alrededor de esta virgen es que los mismos obispos mexicanos, conocedores de la verdad histórica sobre este fraude, se negaron a que el Vaticano canonice al inexistente indio Juan Diego, que no es más que un personaje de literatura. Pero el mito fue más fuerte que la razón. La Iglesia Católica a partir del papa Juan Pablo II inició una frenética era de fabricación de santos que no ha cesado. Fabricar ídolos es la mejor manera de manipular las mentes.


Escrito por

Dante Bobadilla Ramírez

Psicólogo cognitivo, derecha liberal. Ateo, agnóstico y escéptico.


Publicado en

En busca del tiempo perdido

Comentarios sobre el acontecer político nacional y otros temas de interés social